Este año hice el que (por ahora) es el viaje de mi vida. Casi tres semanas en Japón. Y ahora, pasados unos meses os dejo los recuerdos que aún perduran en mi mente.

  • La limpieza de las calles: No hay papeleras, no hay contenedores, pero tampoco ves ni una lata en el suelo, ni un chicle. Nada.
  • El silencio del bosque en el Kumano Kodo. Y ver al “espíritu del bosque” paseando tranquilamente a 30 metros de nosotros.
  • Las latas de café frío y las bolas de arroz con atún y mayonesa. Se puede sobrevivir con estas dos cosas.
  • El museo Ghibli. Es como entrar en una de sus películas.

  • El respeto por las cosas públicas, ya sean marquesinas, bancos, templos, paredes, parques…Da igual, cero vandalismo.
  • El funcionamiento de los trenes: Wikipedia debería poner una foto del Shinkansen en la entrada de “puntualidad“.
  • El Shinkansen pasando sin parar en las estaciones.
  • La belleza de la sencillez: Las cosas son bonitas no por complicadas, sino por sencillez y por estar donde deben estar, ni un poco más a la derecha, ni un poco más a la izquierda. En su sitio justo.

  • El sabor del atún en Kaatsura: Esto no tiene nombre ni palabras que lo describan.
  • La pasión de los japoneses por las marcas. Lo siento Kiabi, Primark no tenéis nada que hacer allí.
  • La soledad entre la multitud. En Tokio, estás completamente solo cuando estás rodeado de gente.
  • La decepción en Akihabara. La globalización ha hecho desaparecer la magia de ese sitio. Productos y precios son estándar “all around the world”.

  • El edificio más emblemático de la Expo Osaka ’70 es… impresionante, desconcertante, acojonante.
  • Los combates de sumo. Otra de esas cosas que hacen por sí solas que el viaje compense. Imprescindible.
  • El onsen, pero en privado, no con los jubiletas 😉
  • El castillo Himeji y la lluvia.
  • Kioto. Si me pides una ciudad japonesa a la que irme a vivir, Kioto.

  • Hiroshima, el ave fénix de Japón, resurgió de sus cenizas y no olvida su dolor.
  • Los coches “cuadrados”. Así los pintan en los anime y así son.
  • Las tiendas Donki. Con sus chocolatinas, parches medicinales para todo, etc, etc…
  • La ceremonia a la que fuimos invitados a entrar. Puro ritmo para rezar, porque no hace falta ir a sitios oscuros y silenciosos para alimentar el espíritu.

 

Japón. Recuerdos perdurables.

2 pensamientos en “Japón. Recuerdos perdurables.

  • 31 octubre, 2018 a las 21:29
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    Ayyyssss, ¡qué entrada tan bonita! Y qué viaje tan increíble, algo tan distinto y, a la vez, tan reconocible. Por suerte el tiempo corre en pos de la siguiente visita al país del Sol Naciente, venga cuando venga

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  • 1 noviembre, 2018 a las 10:12
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    Viajar nos hace mejores. Japón nunca me ha llamado especialmente la antención…pero me han entrado ganas locas de conocerlo 🙂

    Responder

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